Estocolmo. Descubriendo la capital sueca en 1 o 2 días

Los secretos mejor guardados de una de las ciudades europeas del momento

 

La llaman la Venecia del norte aunque no necesita tal sobrenombre, esta bonita y animada ciudad brilla con luz propia. Conformada por 14 islas, puedes recorrerla tranquilamente cruzando de un barrio a otro por alguno de los 57 puentes que la comunican. Estocolmo es un destino perfecto para una pequeña escapada urbana de fin de semana y forma parte de las paradas más frecuentadas por los cruceros que surcan el mar Báltico en época estival. Aunque yo recomendaría dedicar al menos un par de días a esta original ciudad sueca, 24 horas son suficientes para dejarte un buen sabor de boca y con ganas de repetir en un futuro.

Una de las características que hacen tan especial a la capital sueca es su peculiar geografía urbana. Tanto su localización como el origen etimológico de su nombre derivan de las necesidades defensivas de las poblaciones situadas junto al lago Mälar. Para interceptar el paso de embarcaciones enemigas procedentes del mar Báltico, se construyó un fuerte en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real sobre la isla Stadsholmen, actualmente conocida como Gamla Stan. Esta estratégica isla constituye la frontera natural entre el lago y el mar y fue el punto de partida de la ciudad, albergando hoy en día una preciosa y perfectamente conservada ciudad vieja.

Además del establecimiento del bastión, Stadsholmen fue rodeada por troncos apilados en el agua para aumentar la protección dificultando mecánicamente este tránsito naval indeseado. Curiosamente, de esta acción defensiva deriva el nombre de la ciudad, ya que Estocolmo (Stockholm) es el resultado de la unión de las palabras Stack, pronunciado como “Stock”, cuyo significado es apilar, y Stadsholmen. Con el paso de los siglos, Estocolmo fue creciendo, expandiéndose a las islas y territorios adyacentes a la primigenia Stadsholmen, siendo actualmente la ciudad más poblada del país con cerca de un millón de habitantes en su región metropolitana.

Esta particular fisonomía de la ciudad, además de aportarle un encanto especial, nos permite explorarla y sobre todo disfrutarla de maneras menos convencionales. Para los más atrevidos, sugiero empezar la visita a esta perla del mar báltico desde las alturas. Equipado con casco y arnés, y protegido con una línea de vida, conocerás la historia y evolución de la ciudad de mano de los simpáticos monitores del tour por los tejados de Estocolmo. Este recorrido tiene lugar en el edificio situado junto a la Iglesia Riddarholmskyrkan, en la isla de los Caballeros. Completando el circuito circular habilitado en su tejado, obtendrás unas vistas inmejorables de Gamla Stan y la bahía de Riddarfjärden.

Estocolmo desde los tejados

 

Desde esa posición privilegiada podrás identificar las construcciones más representativas de la ciudad vieja como la Catedral de San Nicolás, el Palacio Real, la iglesia Alemana y el museo Nobel. También podrás apreciar claramente el hundimiento que está sufriendo la parte más periférica de la isla debido a la inestabilidad de su base. Fijándote bien podrás notar como las ventanas y los tejados sufren serias asimetrías en unos edificios que en su momento fueron los más llamativos y lujosos, puesto que al encontrarse en las zonas más visibles desde los canales pretendían dar una imagen de poderío a la ciudad. En el lado opuesto del recorrido obtendrás una bonita vista panorámica de la bahía de Riddarfjärden, o golfo de los Caballeros, situada en la zona Este del lago Mälar. En ella reconocerás sin dificultad el Ayuntamiento, un característico edificio de ladrillo con campanario situado a orillas del lago, donde se celebra anualmente la cena del mundialmente reconocido Premio Nobel. Otra de las vistas destacables de este circuito es el tejado de la vecina Iglesia de Riddarholmskyrkan, el edificio más antiguo conservado en la ciudad donde se encuentran enterrados la mayor parte de los monarcas suecos. Tendrás la inusual oportunidad de apreciar de cerca las bonitas agujas que la coronan, adornadas con finas figuras de cruces y estrellas, así como la inquietante representación de un pelicano desgarrando su pecho para alimentar a sus crías, simbología cristiana muy utilizada también por los masones.

Si las alturas no son lo tuyo, te propongo un plan menos intrépido pero igual de interesante para conocer una parte menos visible de la ciudad. Se trata de un crucero por sus canales. Aunque existen varios recorridos, sin duda si dispones de tiempo te aconsejo el circuito por el archipiélago. Este enclave natural compuesto por 24.000 pequeñas islas se ha puesto de moda como lugar de veraneo entre la población local y no es de extrañar que haya servido de fuente de inspiración para numerosos artistas y escritores. Este recorrido que podrás disfrutar también si accedes a la ciudad desde un crucero, te regalará lo que es en mi opinión una de las vistas más inesperadas y bonitas de Europa.

Una vez forjada tu primera impresión de la ciudad ya sea desde los tejados o desde el agua, lánzate a recorrer las calles de Gamla Stan. La neutralidad de Suecia en los conflictos bélicos de los últimos siglos ha permitido que Estocolmo tenga uno de los cascos antiguos mejor conservados del continente, manteniendo el encanto de sus callejuelas estrechas y sus caminos empedrados, así como sus casas de diferentes colores y escondidas plazas. Deambula tranquilamente por sus callejones, descubriendo pequeños comercios locales de arte y artesanía. Asómate a la bonita Iglesia Cristiana, también conocida como Alemana, construida en la edad media para dar servicio a la creciente población de comerciantes germanos que vivieron e influyeron significativamente en el desarrollo y política de la emergente ciudad.

No muy lejos, puedes tomarte un receso y “hacerte el sueco” deleitándote con un Fika (su típica pausa para el café) en Under Kastanjen. En esta cafetería, situada en una encantadora placita podrás degustar la especialidad dulce local, Kanelbullar (un bollito de canela típico) o probar alguna de sus apetecibles tartas caseras.

Sigue explorando el casco antiguo y dirige tus pasos a la cercana plaza de Köpmanbrinken, donde podrás admirar la famosa escultura dedicada a San Jorge, Sankt Goran para los suecos, réplica del conocido relicario tallado en madera de la catedral. A escasas calles de distancia, te sorprenderá Stortorget, la plaza más antigua de Estocolmo y escenario de numerosos acontecimientos históricos de la ciudad. Entre ellos destaca el cruel baño de sangre llevado a cabo por órdenes del rey Cristian II de Dinamarca donde casi 100 personas fueron asesinadas, desencadenando la posterior revuelta que derivó en la independencia de Suecia. De hecho, en la fachada de una de las casas podrás distinguir una bola de cañón incrustada en su esquina, que presumiblemente fue disparada durante ese conflicto, y que los sucesivos dueños de la vivienda han ido manteniendo a pesar de las reformas realizadas.

Esta histórica plaza, animada por las coloridas y bonitas casas antiguas restauradas donde vivieron figuras importantes del comercio y artesanos de renombre, es uno de los puntos más visitados y fotografiados de la ciudad. Hasta el siglo XVIII el Ayuntamiento de la ciudad presidía este emplazamiento, que sigue siendo punto de reunión de concentraciones y manifestaciones populares y que acoge el tradicional mercadito navideño todos los inviernos.

En su lugar, hoy se alza el Börshuset, sede de la Academia Sueca, el Museo y la Biblioteca Nobel. De la misma época data el ahora simbólico pozo, ya que como consecuencia del ajuste postglaciar desde mitad del siglo XIX sus aguas provienen de canalizaciones urbanas.

Plaza StortorgetPara completar tu recorrido por la ciudad vieja, acércate a la catedral de San Nicolás y continua hacia el Palacio Real, residencia oficial de los monarcas. Para aplacar el apetito despertado tras la intensa mañana, te sugiero disfrutar de la sabrosa gastronomía local en una pequeña taberna situada en una de las callecitas aledañas al Palacio, Stockholm Gästabud Bar & Bistro. Ni el salmón cocinado en cualquiera de sus estilos ni las populares albóndigas suecas te defraudarán. Antes de seguir explorando la ciudad, descubre el mítico den Gyldene Freden. Podrás tomarte un café en esta taberna del siglo XVIII cuyas paredes han visto pasar famosos escritores, pintores y compositores de música de todos los tiempos, pues según el libro Guinness de los records, es el restaurante más antiguo del mundo con sus inmediaciones intactas.

Estocolmo, sin embargo tiene mucho más que ofrecer además de su casco antiguo. Anímate a descubrir uno de los barrios europeos del momento pasando una entretenida tarde en Södermalm. Callejea tranquilamente entre sus originales y modernas tiendas de ropa, atractivas galerías de arte, bonitas librerías, curiosas tiendas de antigüedades y decoración, cafés culturales y una sugerente oferta gastronómica. Si eres amante de la fotografía, no te pierdas Fotografiska, una importante galería contemporánea situada en un antiguo edificio dedicado al control de Aduanas de estilo Art Nouveau. Para finalizar esta intensa jornada, relájate en el bar-restaurante Eken, tanto desde la terraza como desde el interior disfrutaras de unas vistas muy fotogénicas del casco antiguo.

Söldermalm

Esta bonita y animada ciudad guarda un sinfín de alternativas culturales y de ocio que es imposible abarcar en un solo día, pero al menos con este intenso pero variado recorrido te irás con la sensación de haber aprovechado tu tiempo en ella y con muchas excusas para querer volver.

Si tienes la suerte de contar con un día más, te sugiero visitar alguno de los numerosos museos con los que cuenta la isla de Djurgärden, una reserva natural que además alberga frondosos bosques donde habitan renos, lobos y osos pardos. En este pulmón verde de Estocolmo destaca el museo Vasa, en el que tendrás la oportunidad de ver de cerca el imponente buque insignia construido por orden del rey Gustavo II Adolfo como muestra de poderío de la Armada sueca. Su conservación es impecable debido a las condiciones de la costa donde se hundió, y fundamentalmente a que nunca llegó a participar en ninguna batalla. El que fuera concebido para ser el navío más destructor del momento, acabó zozobrando humillantemente en su viaje inaugural apenas 15 minutos después de su partida.

Si viajas con niños o te interesa conocer más sobre la cultura sueca, el Skansen, el primer museo al aire libre del mundo, es otra entretenida alternativa para pasar este segundo día en la ciudad. En él se muestran los aspectos de la vida cotidiana, especialmente en el ámbito rural, de la Suecia anterior al desarrollo industrial a través de reconstrucciones y construcciones originales de aldeas y pequeñas ciudades de todas las regiones del país. Cuenta además con un zoológico que sin duda encantará a los más pequeños de la casa.

Una experiencia gastronómica que no deberías perderte en la capital sueca es el famoso Saluhall de Ostermalms. En este mercado, concepto copiado sin duda por el conocido Mercado de San Miguel de Madrid, y otros tantos que están proliferando en nuestro país, podrás sacar tu lado más gourmet disfrutando de las diferentes y apetitosas especialidades suecas.

Para pasar una tarde original, súbete al metro y descubre como los subsuelos de Estocolmo esconden la que es probablemente la galería de arte suburbano más extensa del mundo. Más de 90 estaciones de la extensa red de metro holmiense han sido decoradas por obras de 150 artistas. Algunas de las más impactantes las encontrarás en Radhuset, Kungsträdgarden, T-centralen, Thorildsplan y Stadion.

Y por supuesto, no puedes abandonar Estocolmo sin probar uno de sus helados artesanales, otro de los imprescindibles de la ciudad. De vuelta al casco antiguo, podrás degustar uno de los mejores en el café Kakbrinken. Si la temperatura no acompaña, cambia el frío helado por alguna otra especialidad dulce local en los míticos establecimientos Bröt & Salat.

Para poner el broche de oro al fin de semana, reserva mesa en alguno de los animados restaurantes cercanos a la Opera. Opera Brasserie o Bakfickan son dos buenas alternativas de la zona para despedirte de la curiosa gastronomía escandinava.

 

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