Explorando Japón en 7 días

Lo mejor de Osaka, Kyoto y Tokyo

Origen del sol o Tierra de sol naciente, ésta es la traducción de Japón. Un nombre muy apropiado para un país fascinante con una cultura, mezcla de tradición y modernidad, única en el mundo.

El término, acuñado por su país vecino China, hace referencia a su localización más oriental, incitándonos a un viaje a tierras lejanas que difícilmente podremos olvidar. No importa si no dispones de más de una semana para recorrerlo. Aunque no podrás abarcarlo todo, tendrás tiempo suficiente para vivir su esencia, descubrir su espiritualidad, familiarizarte con sus costumbres y asombrarte con su puntero desarrollo.

Una buena forma de iniciar esta prometedora aventura es aterrizando en el aeropuerto internacional de Kansai, en Osaka. Construido sobre una isla artificial y preparado para soportar tifones y terremotos, su construcción supuso un desafío de macroingeniería que lo convierte en uno de los aeropuertos más impactantes del mundo. Aprovecha que aterrizas en la tercera urbe más grande del país para descubrir esta animada ciudad, que además contiene uno de sus principales puertos y núcleos industriales.

Sacúdete el cansancio del viaje y sumérgete en sus bulliciosas calles. Descubre parte de su azarosa historia en el Castillo de Osaka y aprecia sus bonitos contrastes desde Harukas 300, el mirador situado en pleno distrito financiero en el edificio habitado más alto de Japón. Si te apetece, tómate un descanso y deléitate con los sabores de la gastronomía nipona en alguno de los restaurantes con vistas a los huertos urbanos y a la ciudad de ese mismo edificio.

Tras el tentempié, te sugiero un tranquilo paseo para apreciar la disparidad entre los distintos barrios.Dirige tus pasos hacia el animado barrio de Namba y no dudes en desviarte ligeramente del camino en busca del pequeño y escondido templo budista Hozen-ji Yokocho.

Sigue tu recorrido a través del barrio de la electrónica Den-den-town hasta llegar finalmente a la vibrante Dotonbori, el Times Square de Osaka, conocido por sus enormes anuncios de neón y su vida nocturna. Termina tu andadura por la ciudad probando algunas de las especialidades gastronómicas locales (como el okonomiyakei, el cangrejo imperial o el kushikatsu) en uno de los múltiples restaurantes que encontrarás en la orilla del rio.

Continúa tu periplo por Japón poniendo rumbo a Kyoto a primera hora de la mañana. Al salir de la estación apreciarás el enlentecimiento del ritmo de vida de esta encantadora ciudad considerada centro cultural y religioso del país.

Empieza a descubrir la espiritualidad de esta localidad visitando Kiyomizu-dera, el templo del agua. Entenderás el significado del dicho popular, “saltar desde el mirador del Kiyomizu” que hace referencia a la realización de un acto de gran valor, en cuanto te asomes a su impresionante plataforma y disfrutes de las mejores vistas de la ciudad. Antiguamente se saltaba desde ese mismo mirador para pedir un deseo, confiando en que la frondosidad del bosque suavizara el impacto. Si te sientes tentado a intentarlo más vale que pienses en otra manera menos insensata de pedir un deseo ya que, aunque la tasa de caídas fatales no resultara tan alta como cabría esperar, el gobierno prohibió esa práctica hace unos años.

Sigue tu recorrido paseando por el maravilloso barrio de Gion. Te vendrán a la cabeza recuerdos de Memorias de una gheisa mientras deambulas por sus bonitas y tranquilas calles. Para añadir aún más encanto a esta parte de la ciudad, en cualquier callejón te cruzarás con más de un japonés vestido con la indumentaria tradicional e incluso con alguna gheisa o maiko (aprendiz de gheisa).

Para poner el broche a tu primer día en Kyoto te sugiero una forma interesante y relajante de adéntrate en su cultura pasando la noche en un ryokan. En estas posadas tradicionales podrás recrearte con una auténtica cena nipona amenizada con la actuación de gheisas y con un reparador baño termal.

Con las pilas recargadas empieza tu segundo día en Kyoto caminando bajo los torii rojos, o puertas tradicionales de acceso a los santuarios, de uno de los templos más fotogénicos del país: Fushimi Inari. Hazte amigo de los ciervos que campan a sus anchas por las calles de Nara y admira la estatua cubierta de Buda más grande de Japón. Por la tarde cambia de tercio y dirígete a la zona más comercial, pasea por sus tiendas y mata la curiosidad divirtiéndote cual quinceañero con una sesión de fotomatón o probando suerte con alguna de las cientos de máquinas de premio. Conecta con el ambiente nocturno de la ciudad en la animada calle Pontocho disfrutando de una tranquila cena junto al río. Si aun te queda energía no dudes en tomarte un cocktail en uno de sus selectos bares o si te apetece algo menos serio, pide una cerveza bien fresquita en alguna de las semiescondidas tabernas japonesas que encontrarás en los callejones adyacentes.

No creas que ya has visto lo más destacable de Kyoto, estrena tu último día en la ciudad sacando una de las mejores fotos del viaje en Kinkakuji, el templo del pabellón de oro y su idílico entorno. Si te gusta caminar, puedes continuar tu jornada siguiendo el paseo de los filósofos, una tranquila ruta de unos 2,5km que comunica diferentes templos atravesando pequeños bosques y jardines, y acabando en el hermano pequeño del templo dorado, el templo del pabellón de plata, Ginkakuji. Pero no todo son templos en Kyoto, exprime las últimas horas acercándote a uno de los paisajes más especiales del país, el bosque de bambús de Arashiyama. Pasea bajo el suave murmullo producido por el roce de cientos de esbeltos y flexibles troncos de bambú mecidos por la brisa. Estarás percibiendo uno de los 100 sonidos a preservar declarados por el gobierno japonés.

Seguimos nuestra ruta por el país viajando en tren bala (shinkansen) a Tokyo. Rascacielos, neones, multitud de anuncios manga y cientos de peatones andando a buen paso en todas las direcciones te darán la bienvenida a esta inimitable ciudad.

Te resultará muy difícil no asombrarte en cada paso que des con la peculiar forma de vestir de los jóvenes y no tan jóvenes, los estrafalarios artículos de las tiendas de temática variada (disfraces, mascotas, cosmética, ropa…) de la curiosa calle Takesita-dori, los maid cafés y llamativos restaurantes del mismo barrio Harajuku, las distintas tribus urbanas con sus correspondientes músicas y bailes pasando el rato en el parque Yoyogui, hasta con el singular orden que siguen los peatones, a pesar de la aparente confusión, en el multitudinario cruce de Shibuya.

Cumple otro de los objetivos del viaje y concédete un capricho cenando auténtica carne de Kobe. Aunque este viaje express por el país no te haya permitido visitar la localidad cuna de esta exquisita carne, no te faltarán opciones en Tokyo donde saborearla.

Escapa durante una mañana de la bulliciosa ciudad para explorar el encantador pueblo de Nikko. Un remanso de paz en las montañas donde encontrarás el origen de los famosos emoticonos de los monitos que no ven, no hablan y no oyen, y una de las imágenes más icónicas del país, el puente sagrado de Shinkyo.

De vuelta a Tokyo aprovecha para ponerte al día con las últimas novedades en electrónica en Akihabara, (Akiba como lo llaman los japoneses).Tómate tu tiempo paseando por sus calles en las que encontrarás numerosas tiendas dedicadas a la temática manga, maid cafés, enormes recreativos, mercaditos callejeros y los grandes almacenes Yodobashi. Te sorprenderá la calidad y la animación de los restaurantes de las últimas plantas de estos grandes almacenes, entre los que destaca el kaitenzushi (sushi en cinta giratoria) Magurobito Akihabara. A los más cantarines, el karaoke Big Echo les esperará a la salida del mismo edificio, aunque se decepcionarán si ambicionaban conquistar al público ya que los japoneses disfrutan del karaoke en la intimidad alquilando pequeñas salas para sus grupos de amigos.

Se acerca el final del viaje y te sugiero afrontar este último día haciendo un pequeño esfuerzo, madruga para ser testigo de la llegada de los impresionantes atunes y las toneladas de pesca reciente al famoso mercado del pescado de Tsukiji. Cambia tu café con leche y tus tostadas por una taza de té y un buen plato de sushi en Ryu Sushi o cualquiera de los barecitos adyacentes. Aunque no sea lo que más te apetezca a primera hora de la mañana, ¿cuántas veces vas a tener la oportunidad de probar un salmón o un atún tan fresco mientras descargan y venden la captura reciente?

Con todo día por delante puedes dirigirte a Kamakura, la pequeña ciudad costera situada al sur de Tokyo que alberga al Gran Buda, una escultura de bronce al aire libre que alcanza los 13m de altura. O disfrutar tranquilamente de Tokyo, paseando por las elegantes calles del barrio de Ginza, probando los últimos modelos de cámaras fotográficas en el espectacular showroom de la tienda Sony, seleccionando cosméticos para conseguir mantener la piel tan joven como las gheisas y pasando un buen rato tratando de descubrir la utilidad de los múltiples cachivaches de las curiosas tiendas de 100 yenes.

Con la maleta llena de vivencias y la mente despejada volverás a España con la sensación de haber vivido Japón sintiendo la espiritualidad de sus templos, respirando la ajetreada vida tokiota, degustando sorprendentes platos y conociendo la amabilidad y peculiaridades de su gente.

 

 

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